26/1/16

Reinicio (capitulo 2 del libro "No caminamos solos")




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A finales de la década de los setenta del pasado siglo, trabajaba de cocinero en el Hotel Ritz de Barcelona. Tenía buena amistad con un compañero al que apodábamos el Maño, por sus orígenes, ya que había nacido en un pueblo de Aragón. Tenía el propósito de ir de temporada de verano a trabajar a la costa Brava o a las islas Baleares, y me ofreció ir de segundo jefe con él si surgía algúna oferta interesante. Por aquellas fechas el turismo comenzaba a ser numeroso en los pueblos de la costa, así como en Ibiza y Palma de Mallorca.

Los camareros y cocineros estábamos bien pagados y si procedíamos –como era nuestro caso– de hoteles o restaurantes de prestigio, los emolumentos se elevaban de forma exponencial respecto al resto de profesionales, motivo más que sobrado  para hacer la temporada. La amistad y una generosa oferta salarial, más la primera razón que la segunda, inclinó la balanza a favor de ir con el Maño, hacer seis meses de temporada, en Hotel Cartago sito en el Port de Sant Miquel de Ibiza, poniendo fin a mi relación laboral con el Hotel Ritz de Barcelona, a lo largo de siete años.
Mi marcha a la isla “blanca”, fue, si no me falla la memoria, la primera quincena de Marzo del 1970, antes de la semana santa. Disponía de pasaje para embarcar en el mercante con destino a Ibiza,  que transportaba suministros esenciales para abastecer a los hoteles y residentes en la isla, además de pasajeros.

Por aquellas fechas me hospedaba, en casa de una hermana de mi madre, mi tía Tere. En ella convivía con mis tres primos, Antonio el mayor, Armando y la menor Ana Mari. Por edad con el que más me relacionaba era con el mayor –Toñi como le llamaba– cinco años menos. Teníamos por aquellas fechas un amigo común – Eduardo –  con el que habíamos ido de tascas por el barrio gótico, en concreto por las de la calle Ancha. Dado que me iba de temporada a Ibiza durante seis meses, Eduardo propuso hacer una fiesta de despedida en el Caribe, anexo al cine Roxy de la plaza de Lesseps, Como por aquel entonces él asistía a clases en la academia Ciballer, tenía buena relación con unas compañeras de la academia y que seguro les agradaría venir con él a la fiesta de mi despedida.

Quedamos con Eduardo y sus compañeras de clase – mi primo y yo– en la boca del metro de Lesseps, el sábado sobre las seis de la tarde, sí mal no recuerdo. La puntualidad como es sabido, no es una cualidad por estos lares de la piel de toro, razón por lo que tuvimos que esperar un buen rato. Por fin apareció Eduardo, acompañado de dos compañeras de clase: Ana y Montse.
Las compañeras de Eduardo tenían buen porte, aunque su edad era un tanto juvenil para lo que yo esperaba, teniendo en cuenta la de mi compañero 20 años, yo tenía 25 bien cumplidos. En fin, la tarde la recuerdo amena y divertida. Mi pareja durante el tiempo que estuvimos en el Roxy fue Montse, una joven esbelta de ojos verdes.

El domingo pasamos la mañana patinando en una pista cerca de la playa de Castelldefels, por la tarde fuimos al barrio gótico de tascas y sobre las ocho de la tarde nos dirigimos al puerto. Fue una despedida cariñosa con Montse y nos despedimos. Ambos nos prometimos reencontrarnos a la vuelta de Ibiza por mi parte y de La Rochelle de ella.

17/1/16

La cordura ante la tozudez



Después de unos meses, en que las  encuestas  daban como favoritos a los partidos emergentes  y la prensa los entronaba en el poder, al otorgarles – según sus encuestas- la  posibilidad  de desbancar a los de “la vieja política” del poder hegemónico,  ejercido  en las últimas décadas.  Los resultados de las elecciones del  veinte de Diciembre, han mostrado que no todo el pescado estaba vendido. Las posibilidades de coaliciones entre si son ciertamente complejas, bien es cierto que estamos al comienzo y nos queda hasta marzo para acodar un gobierno con posibilidades, antes que abocarnos a unas nuevas elecciones. A mi entender dada la situación social y económica en la que nos hayamos y teniendo en cuenta que este año se cumple el 38 aniversario, del referéndum de la Constitución Española. Sería deseable para la estabilidad del país, una nueva transición política como la del 77, sobretodo sus espíritu de concordia que la hizo posible.

La actual situación sociopolítica, a tenor de los resultados acaecidos en las elecciones del 20 de diciembre pasado (2015), augura escasas posibilidades - a mí entender - de llegar acuerdos con garantías de estabilidad política, una salida posible al entuerto sería, una coalición entre los partidos mayoritarios (PP y PSOE) que dejara abierta la posibilidad de la incorporación de otros partidos, con propuestas programáticas abiertas a modificar la constitución del 78, que recogieran el sentir identitario de las nacionalidades, que vertebran y conforman nuestra piel de toro, y  por ende mejoras en derechos sociales y laborales que dignifique a la ciudadanía, haciéndonos más iguales en derechos y obligaciones, seria a mi parecer, lo que nos permitiría estabilidad política y económica de cara los mercados. No se puede obviar que, en el mundo globalizado hoy, las políticas de los países están marcadas por los mercados financieros. Nuestro país tiene una deuda del 96% del PIB y una rémora de diez mil millones de €  con UE para los presupuestos del 2016. No podemos o no deberíamos permitirnos que la pasión nos ciegue, deberíamos ser pragmáticos a la hora de configurar coaliciones políticas.

Los partidos mayoritarios deberían ser generosos y propiciar las alianzas mediante un pacto de legislatura con el objetivo de no retroceder socialmente. Somos muchos, los que esperamos un reconocimiento al duro camino recorrido a lo largo de estos cuatro años. Errar  por una estrategia partidista a la hora de configurar gobierno, frustraría las esperanzas de los más necesitados: A saber, los menesterosos, los parados de larga duración, los desahuciados por impago, los que padecen la pobreza energética,  los trabajadores a tiempo parcial, los que perciben un salario de subsistencia, los jubilados que ayudan a sus hijos y nietos y los que viven de la solidaridad.

Porque todos ellos, han votado en estas pasadas elecciones esperanzados y  no comprenderían  una actitud  pasional o mezquina, en la que “yo me saco un ojo, pero a ti te dejo ciego”. En esta legislatura, más que nunca, debería imponerse el pragmatismo social.