16/1/14

¿Condenados a repetirlo?

 

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En el mes de Julio de este año en curso se cumple el centenario del inicio de la primera “Gran Guerra” que supuso la desaparición de los cuatro imperios: Alemán, Ruso, Austro-Húngaro y Otomano. Los imperios alemán y ruso perdieron una gran cantidad de territorios, mientras que el austro-húngaro y el otomano fueron completamente disueltos. La contienda supuso la muerte de ocho millones de personas (combatientes y civiles) y de seis millones de ciudadanos discapacitados.
Dicen que Los que no pueden recordar el pasado están condenados a repetirlo” (Jorge Santayana). La historia, tozuda ella, se empecina en recordárnoslo. Veintiún años más tarde, el uno de septiembre del año 1939, se inicia la segunda contienda mundial, con la luctuosa barbarie de setenta millones de seres “humanos”.
Si hacemos una breve lectura a la historia del siglo veinte, podremos observar que las causas que propiciaron el gran genocidio en el pasado fueron el estancamiento económico, el elevado desempleo y un aumento paulatino de la desigualdad social. A rebufo de la “coyuntura”, surgen movimientos populistas que incitan a la xenofobia, haciendo del diferente “él no es de los nuestros”, el enemigo a abatir.
La situación socioeconómica que en la actualidad están sufriendo diversos países de la comunidad, en especial los del sur y los del este, junto a Rumania y Bulgaria que recientemente se han incorporado de pleno derecho, la libre circulación de trabajadores entre los estados miembros de la UE, propician el resurgimiento del populismo y la xenofobia en los países receptores potenciales de trabajadores de la UE a consecuencia de políticas de austericismo: ajustados económicamente y desajustados políticamente, en los Estados con un elevado potencial de inmigración. Decía Tony Judt: “como mejor se mide el grado de esclavitud en que una ideología mantiene a un pueblo es en la colectiva incapacidad de éste para imaginar alternativas”.
Es obvio el incremento del populismo político en UE con un repunte significativo de partidos en los que su ideología justifica la xenofobia, el odio al “otro”. Los gobiernos responden al miedo y la mecánica del odio con medidas autoritarias que menguan las libertades civiles y la democracia. Como decía Franklin D. Roosevelt cuando, en su toma de posesión, en medio de la Gran Depresión de los treinta, señaló “que a lo único que debemos temer es al miedo”.
Espero que el aniversario de la Gran Guerra sea un punto de reflexión para que nuestros políticos, cambien sus políticas de austeridad por otras más generosas socialmente, ya que de proseguir en ellas, el poder de la extrema derecha en Europa está al acecho.

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5/1/14

Una reflexión para el año nuevo

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¿A que venimos a este mundo? Estoy seguro que una mayoría de nosotros a lo largo de nuestra vida en alguna ocasión nos lo hemos preguntado. Existe la creencia muy extendida por estos lares, que hemos venido a esta vida a purgar el pecado de soberbia, que cometieron nuestros ancestros contra la “Deidad” que les creó. No seré yo quien ponga en duda creencia alguna. Más cuando me asalta la duda y me hago la pregunta ¿a que venimos a este mundo?, para mí es una obviedad, a ser felices.
A mis 68 años, ya he recorrido un buen trecho de mi existencia vital, lo que me permite volver la vista atrás y otear el camino desde el baluarte que me otorga la edad. En el largo camino en búsqueda de la felicidad, he observado cómo ha ido variando mi opinión de cómo alcanzarla. Desde el deseo “falta de” como motor, a la razón que justifica los fines y donde la “voluntad” es la energía la vital necesaria para alcanzarlos. Pasando por otras varias que nunca calmaron mi angustia vital. Al final he comprendido que la vida es una paradoja en la que nada es lo que parece, no vivimos realidades, perseguimos sueños y en ese quehacer nos perdemos lo esencial “el aquí y ahora”.
A lo largo de la historia de la humanidad, los sabios de las distintas culturas sabedores de que nada en este mundo es perdurable, han descrito el camino, no como un medio para… sino cómo fin en sí mismo y sentir en el la satisfacción del bien hacer, no el poseer. En él se halla la libertad como bien supremo, al comprender que sin el otro no hay yo. La felicidad es (para mí) la comunión con el todo universal desde la unidad que todo lo contiene y nada posee
Feliz año y buen camino…