23/5/17

Un jubilado socialista.






La salida   y   La vuelta                 




Salvando las distancias que obviamente existen, entre el año 35 de siglo pasado y la actualidad política a día de hoy  en nuestro país.
Si bien la situación socioeconómica es mejor -aunque- sustancialmente mejorable. Los sentimientos propios de nuestra idiosincrasia, no han cambiado “genio y figura hasta la sepultura” decía mi abuela y no le faltaba razón.

Me hace temer que la crisis del socialismo, a pesar de la victoria indiscutible, del candidato Pedro Sánchez a presidir el partido Socialista, aún no ha concluido.

Su destitución fulminante por el Comité Federal - el 1 de octubre del 2016- fue esperpéntica y humillante para él y sus colaboradores, que pasaron de una defensa numantina, a negar horas más tarde que le conocían. Aquellos que le apoyaron -no muchos- hoy piden venganza, reclaman que pidan perdón los que le humillaron, siento que no es momento de hacer leña del árbol caído, a mi entender, craso error, no es momento de revancha sino de generosidad.

Como militante socialista por el bien del partido, -yo no le he votado- todos hemos de reconocer su victoria y ponernos a su disposición. De lo contrario favoreceremos a una derecha corrupta y al populismo de izquierdas.

Un militante   


        

13/12/16

Motivo de reflexión


Hay días, que uno se levanta con el pie cambiado y hoy ha sido uno de ellos y no el único.

La historia comienza con la llegada de mi nieto Nil el más pequeño. El motivo de su estancia en nuestra casa es que mañana lunes tienen fiesta en el colegio por el puente de la Constitución y se quedara a dormir. A primera hora mi yerno traerá a casa mi nieto mayor Joel. 

Su llegada trastoca un poco nuestro quehacer diario, hemos de sacar al parque a la Lua y a la Kira dos mascotas. No podemos dejar solo al Nil. La situación se complica, ya que este lunes salgo con la “Colla Jove” a caminar y hemos quedado a las 7h. Lo que me obliga a sacarlas a las 5h. Decido no sacarlas juntas, pienso me resultara más fácil y rápido, que con las dos a la vez.

La Kira es una perra encantadora y cariñosa, pero como siempre, existe un pero; que no es otro que la obsesión por los gatos. De regreso del Park Güell, a olfateado a un gato y como hace otras veces, mediante una maniobra se ha soltado del collar. Eran cerca de las seis de la mañana y aun me quedaba sacar a la Lua.

Cuando se produce este percance se vuelve loca persiguiendo a su presa, no hay forma de pararla. Yo, que soy de por si temeroso, me desespero, pues siempre me pongo en la situación más trágica. Que la pille un coche o que a consecuencia de ello provoque un accidente grave. Al cabo de un buen rato he conseguido pararla, era tal mi excitación que la he golpeado con la mano en el moro.

Ya eran cerca de las 6:15 cuando he llegado a casa, cabreado, he cogido a la Lua y he vuelto a salir a la calle. El animal ha olfateado mi estado de ánimo, de manera que ha decidido volver a casa. Mi mujer ante mi excitación decide volver a sacar las.

Me quedaban apenas 25 minutos para mi marcha y he decidido sentarme a meditar, he reflexionado sobre él porque de mi ira. He descubierto que mi generosidad y bondad, no surge del corazón sino de la razón, no es amor lo que entrego sino justicia. Soy el defensor de las causas perdidas, me revelo contra el opresor y defiendo al oprimido. No amo al oprimido, sino que odio al opresor.

Antes de salir de casa, ha llegado mi mujer. Feliz y contenta de lo bien que se lo han pasado las mascotas, sobre todo la Kira persiguiendo a los gatos. Un motivo para reflexionar. Estoy en ello

Buscando en los recuerdos "Es un buen ejercicio ser del todo sincero consigo mismo". Sigmund Freud

A raíz de lo acaecido, busco en mis recuerdos cuando “mate al padre” es probable que fuera el día que recurrí a él, cuándo el abuelo me echo de casa, ese día no solo lo mate, sino que le enterré en lo más hondo de mi alma. Es curioso, como he convencido a mi mente durante tantos años, de que ese día alcance mi libertad, al liberarme para siempre de la tiranía del padre.

Realmente no fue así. Han tenido que pasar más de cincuenta años, para descubrir que me había equivocado, el reo nunca debió de ser mi padre, sino mi madre. Ella me inculco la responsabilidad y el compromiso para con el débil. Su alma se secó el día el que mi hermana enfermo de meningitis. A partir de ese instante fui su lazarillo..

Debo de “matar a la madre”  para lograr mi libertad. He de subvertir la realidad social que he vivido hasta ahora. Debo abrir mi alma de par en par a una esperanza, a la que siempre me he negado (inconscientemente) a aceptar. Que es amor y no el compromiso lo que mueve el corazón del mundo.
 

  


25/8/16

Un nuevo despertar (capitulo 4 del libro "No caminamos solos)


El aprobar el cuarto y reválida supuso para mí un nuevo despertar a la esperanza. Había sido capaz de conseguirlo después de tantos años, de haber sido excluido de la posibilidad de volver a estudiar por la cerrazón interesada de los adultos. En este empeño, fue la mano tendida de un profesor (Joan Carulla) y la fe amorosa de Montse, que siempre ha creído en mí, lo que lo hizo posible. 

Me matriculo para iniciar el quinto curso de Bachillerato, en horario nocturno, en el Instituto Milà i Fontanals sito en la Plaça de Josep Maria Folch i Torres, próximo al paralelo. Las clases comenzaban a las cinco y treinta y finalizaban a las veintidós horas. Duraban cuarenta y cinco minutos. Por aquel entonces yo trabajaba haciendo muñecos de yeso para los comercios de santería, ó sea niños Jesús en diferentes poses y tamaños. Cobraba unas 900 Pts al mes, con lo que al pagar la pensión completa, me quedaban unas 50 Pts para todo el mes, es decir -en aquel tiempo fumaba- me quedaba lo justo para el café con leche, la pasta y un cigarrillo.

La satisfacción del bien hacer vino con las notas de final de curso. Había superado no sin dificultad un nuevo escalón en dirección a la cima, que para mí suponía superar el Bachillerato, y finalizado el mismo aprobar el Preu, lo que me facilitaría la culminación de un sueño largamente anhelado, que no era otro que la posibilidad del acceso a la Universidad y por ende ser aceptado en la Facultad de Medicina.

En septiembre me matriculé de nuevo en el Instituto de sexto y reválida, en horario nocturno. Volvimos a coincidir la mayoría de los alumnos de quinto. De entre los compañeros de curso  con el que más me relacionaba, era con un alumno de nombre Juan de Mairena. Ambos veníamos de familias humildes, que hacían de la necesidad virtud. Los dos perseguimos con ahínco poder independizarnos económica y socialmente. Quizás (seguro) éramos unos utópicos que soñábamos con la libertad, creíamos que con la caída del régimen fascista todo sería distinto. Con el transcurrir de los años he comprobado que la libertad no es un fin, sino un medio, con el que  defender desde la resistencia intima nuestras convicciones.

Por diversas razones sociales y económicas, me vi en la necesidad de buscar un nuevo trabajo que me permitiera subsistir. El nuevo empleo lo encontré gracias a mi suegro, en unos telares sitos en la calle Valencia justo al atravesar la Av. Meridiana. El horario de trabajo era de las 6h30´a la 14h30´. La categoría laboral era de peón, mi cometido era recoger las bobinas de tejido que producían los telares, trasladarlas al almacén y apilarlas por su tamaño. Tenía un compañero de unos 50 años con el que compartía la labor, curiosamente se llamaba como el personaje más importante de los Diálogos de Platón, es decir Sócrates, el personaje de la filosofía que más me ha marcado en mi proceder y sigue siendo un referente. 

Juan de Mairena trabajaba por aquel entonces en la Delegación de Hacienda como interino. Él se percataba que en el transcurrir de las clases, mi capacidad de atención decaía, motivada por un estado de sopor que me hacía dar cabezadas. Conociendo mi situación laboral y por ende mis horarios. Una tarde entre clases me propuso, que le preguntaría a su jefe, si en su departamento necesitaban algunos interinos más, si así era le hablaría de mí. Aquella noche me costó conciliar el sueño, pues suponía, si la respuesta era afirmativa, liberarme de la tiranía del “enano” como despectivamente Sócrates y yo le denominábamos al encargado de la empresa textil. A la tarde siguiente recibí la confirmación de que necesitaban más interinos en el departamento.

La buena nueva “bonum”, una vez más me había tocado. Al día siguiente a primera hora presenté mi renuncia, pero previamente lo celebré con Sócrates con un buen y merecido almuerzo. Sócrates un andaluz nacido en la en Zahara de la Sierra, un hombre que hacia honor a su pueblo “Zahara” que significa “fortaleza”, él la poseía de espíritu. Recuerdo que me dijo “me alegro por ti, eres joven y podrás lograr lo que te propongas”,  a mi edad ya nada es posible, cualquier día a este enano hijo de puta me lo cargo. En mi recuerdo está su mano tendida para siempre.