10/6/11

¿Supermercado o Farmacia?

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Es curiosa la facilidad, cuando menos, con la que aceptamos todos aquellos productos que son enmarcados dentro de una propaganda vinculada con valores tecnológicos de vanguardia o que tienen que ver con la salud. Todo precedido de la frase “está científicamente demostrado” a la que suelo comparar con aquella no menos célebre que decía el agente OO7 James Bond “con licencia para matar”.

Herbert Marcuse (Filosofo y Sociólogo: Berlín 19 julio 1898; Starnberg 29 Julio 1979) autor del "El hombre unidimensional", en 1960 alertó de los peligros del reduccionismo de la razón a la mera racionalidad técnica, un peligro agravado por las últimas tendencias de la industria y el mercado en el neoliberalismo actual. El ciudadano actual en contra de lo que parece, no está interesado en la ciencia por el conocimiento—analiza el semiólogo Umberto Eco— sino que vive la revolución tecnológica como una forma de magia y religiosidad; queda subyugado por el poder fulminante del milagro.

La influencia del cientificismo es tal que si observamos la propaganda de los productos de los supermercados, ya no utilizan vocablos del lenguaje común, si no términos propios de lenguaje científico: productos probióticos y prebióticos; omega3; grasas poliinsaturadas; grasas trans, etc. Uno los compra con la misma fe que los medicamentos que adquirimos en la farmacia recetados por el doctor correspondiente, sin cuestionar.

En una reciente entrevista al Doctor Joan Ramon Laporte, jefe de farmacología de Vall d'Hebron, en la Vanguardia, respondió lo siguiente respecto a:

¿Entiende que haya ciudadanos que desconfíen de los laboratorios farmacéuticos? Sí. Las compañías exageran los efectos beneficiosos de los medicamentos que comercializan, y minimizan, e incluso niegan, los efectos indeseados graves. Para los ciudadanos, son una herramienta para la salud. Para las farmacéuticas, son un producto que vender al máximo.

¿Existe suficiente control en el sector? Más bien son las compañías farmacéuticas las que controlan a los estados, y no a la inversa, como debería ser. Más que una regulación legal insuficiente, hay un conjunto de leyes y normas pensadas para favorecer a las compañías farmacéuticas. Los lobbies farmacéuticos compran a políticos, reguladores, profesionales sanitarios y asociaciones de pacientes.

¿Qué le preocupa más? Que las autoridades no se preocupen por saber qué efectos positivos y negativos tienen los medicamentos. Ven el precio, pero no los efectos.

En artículo publicado el día 11 de Mayo en British Medical Journal, los doctores Peter Gotzsche y Anders Jorgensen ambos daneses, culpan a la Agencia Europea del Medicamento (AEM) de haber puesto “los beneficios de las farmacéuticas por encima de la vida y el bienestar del paciente” .Se quejan en esencia de la “publicación selectiva” de los ensayos clínicos que se realizan sobre los fármacos antes de su autorización para la venta al público por la (AEM), práctica ésta muy extendida, afirman, lo que lleva a “sobrevalorar los beneficios y subestimar los daños” tal como se vió con el analgésico Rofecoxib, “que probablemente causó 100.000 innecesarios ataques de corazón en EE.UU o el fármaco antiobesidad Rimonabant que, en el 2010, fue retirado del mercado por sus efectos secundarios.

Los efectos iatrogénicos (Se aplica a la alteración o enfermedad de los pacientes causadas por el examen o el tratamiento médico aplicados) de los medicamentos son la cuarta causa de mortalidad en los EE.UU. En Europa la AEM (Agencia Europea del Medicamento) calcula que mueren al año en Europa 197.000 personas por efectos adversos de medicinas.

En cualquier consulta clínica lo más importante es determinar si los síntomas, signos o resultados de las pruebas complementarias de un paciente son normales o anormales. Eso es previo a adoptar cualquier medida, sea de estudio, tratamiento u observación. La dificultad estriba en determinar los valores de normalidad y anormalidad.

Tres son los métodos al uso de los que se valen los clínicos para determinar los valores de normalidad o anormalidad de una determinación biológica.

Normal como frecuente: El criterio habitualmente utilizado en la práctica clínica consiste en considerar normales los valores que se encuentran con frecuencia y anormales los que solo aparecen de forma ocasional.

Anormalidad asociada a enfermedad: El criterio se basa en la distribución de las observaciones en personas tanto sanas como enfermas e intentar definir un límite que separe claramente ambos grupos.

Anormalidad como susceptibilidad de tratamiento: Las dificultades para distinguir entre normalidad y anormalidad utilizando los criterios anteriores han llevado al uso de criterios determinados por ensayos aleatorizados controlados en los que se investiga el nivel a partir del cual el tratamiento produce más beneficios que prejuicios.

Todos los métodos tienen un pero en la exactitud de sus datos, detallarlos haría muy extenso el artículo, por lo que no ha lugar. No obstante, cabe remarcar que el tercer criterio es el utilizado por los laboratorios farmacéuticos para la introducción de sus productos en el mercado. Si tenemos en cuenta el trabajo denuncia publicado en mayo del 2011 en el British Medical Journal por los doctores Peter Gotzsche y Anders Jorgensen deberíamos preguntarnos a modo de ejemplo, si las normalidades biológicas de Tensión Arterial y Colesterol se ajustan a una realidad o son fruto de intereses espurios que al ser ajustadas a la baja generan pacientes crónicos a más temprana edad. Aplicando el último criterio, cabe la posibilidad de que el enriquecimiento de los laboratorios farmacéuticos prevalezca sobre el riesgo/beneficio para la salud del ciudadano.

Publicaciones para ampliar conocimiento sobre el tema:

Relaciones públicas políticas, marketing y lobbying; de José Daniel Barquero y Jordi Xifra (McGraw-Hill)

Laboratorio de médicos; de Miguel Jara (Península)

Dioses de bata blanca; de Josep Ramon Germà Lluch (Planeta)

2 comentarios:

Juansimov dijo...

Interesante lo que dices sobre normalidad biológica en Tensión y Colesterol, creo recordar haber leído en algún sitio que los valores que se consideran normales para colesterol datan de hace más de medio siglo, cuando la población recién salía de la posguerra con una alimentación "diferente"a la de hoy en día ¿crees que eso tiene algo que ver?

Muy bueno el artículo Antonio.

Antonio Alonso dijo...

En primer lugar gracias por la valoración que te merece el artículo, sé que es sincera y no vinculada a nuestra amistad. No puedo responder a tu pregunta ya que no poseo datos que lo confirme o lo refuten. Si he observado a lo largo de mi vida profesional que las normalidades de los parámetro biológicos que, pongo como ejemplo en el artículo, se han actualizado a la baja en función de la aparición en el mercado de los medicamentos que permiten controlar los parámetros biológicos, dentro del ratio de normalidad establecido por la comunidad científica.
Salud
Antonio