26/3/14

Apocalipsis. El segundo jinete

 
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El segundo jinete: La tecnología sin conciencia
Etimológicamente el concepto trabajo proviene del latín Tripaliare “Tortura” derivado de Tripalium especie de cepo o instrumento de tortura de Tres y Palus, tres maderos cruzados que formaban dicho instrumento, al cual era sujetado el reo. De trabajar se deriva el sustantivo trabajo, que conserva desde el año 1212 de la Edad Media y aún hoy en día el sentido etimológico de “sufrimiento, dolor”.
Nunca en la historia de la humanidad la tecnología ha avanzado de forma tan exponencial con en la actualidad y se prevé que su desarrollo será cada vez más eficiente. Sería lógico suponer que la tecnología (“habilidad”) nos habría de liberar del sufrimiento y dolor que supone el trabajo, de cuya deducción lógica deberíamos entender que, a mayor proceso evolutivo de la misma, mayor liberación del Tripalium y en consonancia más gozo.
A tenor de la situación social existente cabe preguntarnos si realmente la tecnología nos libera del sufrimiento o nos esclaviza más socialmente. Cabe tomar algunos parámetros objetivos que nos permitan deducir nuestro grado de satisfacción social. Para el caso que nos ocupa, propondría los siguientes parámetros: Jornada laboral, La tasa de desempleo y el poder adquisitivo.
Jornada laboral
Para poder valorar la situación actual en la que nos hayamos, entiendo que nada mejor que saber de dónde partimos, para lo cual hemos de recurrir a la historia socio laboral de nuestro entorno. La implantación de la jornada de trabajo de 8 horas hizo valer la máxima: «ocho horas para el trabajo, ocho horas para el sueño y ocho horas para la casa». En los EEUU se consiguió a finales de Mayo del 1886, en Europa no fue hasta 1889 en el Congreso obrero de Paris.
Federico Engels en el prefacio de la edición alemana de 1890 de  El manifiesto comunista dice (refiriéndose a la fijación legal de la jornada normal de ocho horas) “que el espectáculo de hoy demostrará a los capitalistas y a los terratenientes de todos los países que, en efecto, los proletarios de todos los países están unidos”.
En España no se logró hasta el 1919 gracias a la histórica huelga (de la Canadiense) del proletariado catalán, que contó con la solidaridad de otras regiones, especialmente Aragón. La victoria de los obreros fue tal, que a partir del 1 de octubre de 1919 la jornada máxima total sería de 8 horas al día y de 48 a la semana, para todos. Han tenido que pasar más de 60 años (1982) para ver reducida la jornada a 40 horas. En la actualidad si bien de forma contractual la jornada semanal no debe superar las cuarenta horas, la realidad social es que deberíamos sumar las horas presenciales a la jornada, motivadas por el temor a la pérdida del trabajo.
El desempleo
El capitalismo se inicia con el declive del feudalismo: un conjunto de instituciones que crean y rigen obligaciones de obediencia y servicio –principalmente militar– por parte de un hombre libre, llamado “vasallo”, hacia un hombre libre llamado “señor”, y obligaciones de protección y sostenimiento por parte del “señor” respecto del “vasallo”, Así lo dijo François-Louis Ganshofa. A partir del siglo XVI en Inglaterra, pero no es hasta el siglo XVIII con la publicación de la obra La riqueza de las naciones de Adam Smith, considerado como el primer libro de economía, cuando adquiere relevancia como sistema.
Los periodos del sistema económico capitalista los podríamos clasificar en función de su factor preponderante en: Comercial del siglo XVI al XIX; Industrial con el surgir de la industria hasta finales del siglo XX y al inicio del tercer milenio surge el posindustrial o financiero. El que denominemos el sistema capitalista en función del factor dominante: comercial; industrial; financiero, no presupone a día de hoy la exclusión de los precedentes.
Tres son los sectores económicos o productivos, se clasifican en: Primario del que se obtiene la materia prima natural que la trabajan agricultores, ganaderos y mineros. Secundario que transforma la materia prima utilizando el proceso industrial. Terciario no produce bienes, sino servicios. En la actualidad podrimos agregar un Cuarto sector, el de la información con actividades relacionadas con su valor intangible, abarcando la gestión y la distribución de dicha información. Dentro de este sector se engloban actividades especializadas de investigación, desarrollo, innovación e información.
Actualmente nos hayamos en el sistema capitalista posindustrial o financiero. ¿Cómo nos afecta a los ciudadanos?. En el capitalismo industrial, fue necesaria una ingente cantidad de mano de obra para generar producción, que a su vez la consumían los propios productores. El ejemplo más paradigmático lo tenemos con el famoso coche Ford Modelo T de la empresa Ford.
En un siglo la tecnología ha evolucionado muy rápidamente. Las empresas se han modernizado, e invertido parte de sus ganancias en la obtención de tecnología, lo que ha posibilitado gracias a una mayor eficacia y en aras de una mayor competitividad la reducción significativa de personal laboral, obteniendo, aun reduciendo el precio de sus productos, suculentos beneficios.
La contrapartida la sufren los obreros con mayor número de desempleados, a consecuencia de que a mayor tecnología, menos mano de obra se precisa. La plusvalía de la tecnología ha revertido íntegramente en la empresa y nada en la jornada laboral del trabajador. Después de ciento quince años de la aplicación de la jornada de cuarenta y ocho horas semanales: «ocho horas para el trabajo, ocho horas para el sueño y ocho horas para la casa» en nuestro país solo se ha reducido en ocho horas la semana.
Para muestra un botón, el nuevo capitalismo “financiero” en el poder ha pasado de la industria a los grandes consorcios financieros de inversión. Su negocio consiste en reclutar capital privado y reinvertirlo en los distintos sectores económicos —inmuebles, fábricas, hospitales, seguros, cadenas comerciales— con el único objetivo de obtener los máximos beneficios. “A finales de 2013, el patrimonio bajo gestión de los fondos de inversión en todo el mundo se situó en 22,1 billones de euros y el de los fondos de pensiones, en 18,1 billones. Entre ambos manejan un patrimonio equivalente al 75’5 % del PIB mundial”. (El País).
Salario
A comienzos de la Revolución Industrial a finales del siglo XVIII (capitalismo industrial), se produjo en las Midlands y el norte de Inglaterra una revuelta de trabajadores textiles. Un joven aprendiz llamado Ned Ludd, en un arrebato de cólera destruyó dos máquinas de tejer convirtiéndose en el estandarte de la lucha obrera contras las máquinas, toda vez que la nueva “tecnología” les despojaría de su trabajo al reducir el empleo, y a menor demanda, peor salario.
El alzamiento Ludita alcanzó su clímax en 1811 y 1812 fue el primer enfrentamiento entre la tecnología impulsada por el capital y el mundo obrero. Esta suplía parcialmente la rudeza del trabajo por la fuerza poderosa e inagotable de la máquina. El proceso evolutivo de la ciencia a lo largo de los dos últimos siglos, ha liberado al ser humano, gracias a la tecnología, de las cargas penosas y él ha aportado a la máquina, inteligencia y alma de “artesano”, esta conjunción simbiótica nos ha traído bienestar y prosperidad.
El 9 de noviembre de 1989 después de 28 años, se produce la caída del muro de Berlín. Con su derrumbe se abre al mundo un nuevo proceso económico, tecnológico, social y cultural que consiste en la comunicación e interdependencia. Es la génesis del nuevo capitalismo financiero. Se produce de forma paulatina el e-commerce (electronic commerce) y auge de la intercomunicación digital. La tecnología computarizada aplicada a la industria comienza un desarrollo exponencial. De nuevo la máquina esta vez con capacidad de decisión (feedback o retroalimentación) se interpone ante el obrero por su salario. Queda implantado el capitalismo financiero.
De forma lenta pero progresiva en los últimos 30 años según afirman Erik Brynjolfsson y Andrew McAfee profesores del MIT las “máquinas de la segunda edad” están supliendo las “funciones cognitivas” del factor humano que hasta entonces se consideraban imprescindibles para la producción. Por ejemplo, en el comercio minorista, Walmart y Amazon son los mejores ejemplos de cómo las nuevas tecnologías pueden impulsar una caída de los salarios. Como para los trabajos del sector los programas informáticos y los seres humanos son sustitutos cercanos, y dada la previsible mejora del poder de cómputo, no parece haber nada que impida que los trabajadores de gran parte de la economía de servicios se vuelvan inactivos.
El hecho de que la tecnología no suponga una liberación de la carga laboral a los trabajadores al no aplicarse una plusvalía tecnológica, genera que el empleo sea un bien escaso por el que han de competir los ciudadanos. Las leyes de la oferta y la demanda en el empleo, están generando que las empresas, en una plutocracia donde no se legisla para el interés común, oferten salarios reducidos con jornadas extenuantes.
Visto lo que se avecina tal vez sea necesario recuperar el espíritu reivindicativo del joven Ned Ludd y luchar por que en el Producto Interior Bruto no solo se refleje la producción del país, sino parámetros sociales reales como una Renta Básica Necesaria y otro tan común a todos como la Satisfacción social. Se hace cada vez más obvio que un capitalismo no distributivo de la riqueza que genera, tiene en su entraña codiciosa el gen de su autodestrucción.
Citas.
Decía el matemático Alan Turing Las consecuencia de hacer que las maquinas piensen serían demasiado terribles. Es preferible creer y esperar que no puedan hacerlo”.
Norbert Wiener el padre de la Cibernética comentaba “No debemos olvidar que la máquina automática (…) es el equivalente exacto del trabajo de esclavos. Toda mano de obra que deba competir con el trabajo de esclavos, deberá aceptar las condiciones económicas de este. Esta perfectamente claro que esto producirá una situación de desempleo, en comparación con la cual la recesión actual e incluso la depresión de los años treinta parecerán bromas graciosas”
Decía San Agustín de Hipona (Siglo IV)
A fuerza de verlo todo, se termina por soportarlo todo…
A fuerza de soportarlo todo, se termina por tolerarlo todo…
A fuerza de tolerarlo todo, terminas aceptándolo todo…
A fuerza de aceptarlo todo, finalmente lo aprobamos todo
¡Y cuánta razón tenía!

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